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PRISMAS

EXPERIENCIAS DE TRUEQUE: ANÁLISIS DE LAS PRÁCTICAS DE INTERCAMBIO DE CONOCIMIENTOS

Bancos de tiempo para compartir

David Arenal / Madrid
Las iniciativas de trueque de servicios medidos en términos de tiempo, popularizados como bancos de tiempo, se enmarcan dentro de la economía social o alternativa, promoviendo redes basadas en la solidaridad mutua sin intervención de moneda ni capital. Desde tiempos inmemoriales, la ayuda mutua y redes de intercambio comunitario de servicios y conocimientos surgen la mayoría de las veces por situaciones de necesidad, pero también organizadas a través del tejido asociativo.
 

En la génesis de los bancos de tiempo reseñamos varias experiencias europeas de los años ‘80 como el Sistema de Comercio e Intercambio Local (LETS, por su siglas en inglés) del Reino Unido, el Sistema de Intercambio Local (SEL) o el Movimiento de Redes de Intercambios Recíprocos de Saberes (MRES), ambos en Francia. En Cataluña surgen las Redes de Intercambio de Conocimientos en Castelldefels, Girona, Barcelona, L’Escala y Mataró.

En cuanto a antecedentes propios de banco del tiempo como tal, destacan dos experiencias: los Time Dollar estadounidenses (Time Bank en Reino Unido), extendidos después por todo el mundo y orientados a la mejora de las condiciones de vida de los colectivos más desfavorecidos, y los bancos de tiempo del sur de Europa, especialmente de Italia (actualmente hay más de 300), la mayoría creados por redes de mujeres como medida de ayuda a la conciliación personal, familiar y laboral.

Ventajas y amenazas
Los bancos del tiempo pueden ser un buen ejercicio de “participación activa”, pues ponen en interacción a dos personas que pueden no conocerse, que a menudo acaban intercambiando en sus propias casas, con lo que esto tiene de apertura de puertas físicas y psicológicas. Por otra parte, plantean una alternativa autónoma al sistema capitalista favorecedor de dinámicas individualistas, en la que la ciudadanía se sitúa como mera consumidora o usuaria.

No obstante, en el terreno de las amenazas, los bancos del tiempo son programas golosos y fácilmente instrumentalizables por las administraciones, ávidas de medallas políticas progres. La premisa de equilibrar lo que se ofrece y lo que se necesita intenta evitar las acciones de voluntariado asistencialista, donde se da pero no se es capaz de recibir y donde quien recibe a menudo se sitúa en una posición de necesidad e inferioridad, ‘incapaces’ de la reciprocidad.

Los bancos de titularidad municipal no convencen
Acudiendo a las cifras, observamos que muchos de los bancos del tiempo de titularidad municipal están teniendo una participación escasa. Distingamos algunos de los motivos:

La implementación vertical e impuesta del programa, donde el ayuntamiento promueve una buena idea copiada de la iniciativa social, la empaqueta en papel de colorines y le dice a la vecindad que nunca demandó este espacio y no lo siente como suyo, que “se autoparticipen”.

La falta de recursos, medios y continuidad habituales en los programas sociales externalizados por contrato menor, a menudo subcontratados en condiciones precarias a entidades privadas.

El proceso necesita fraguar a fuego lento. Para alcanzar tan magnos objetivos como la confianza en el otro, la solidaridad comunitaria, el saber valorarnos como capital social autónomo capaz no sólo de recibir sino de dar, o el ser capaces de plantear un modelo económico alternativo donde no hay rastro de los euros, hay que desaprender años de deseducación en una sociedad individualista, atomizada, capitalista y monetarista, algo que difícilmente se puede lograr en dos días.

(Toda la información en: http://www.diagonalperiodico.net/article2939.html

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