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PRISMAS

Yasmina Reza: En el trineo de Schopenhauer

Yasmina Reza: En el trineo de Schopenhauer

 

Muchas cosas pueden tener sentido y pertinencia, es la vida la que no los tiene, el todo no tiene ningún sentido, pero cada una de las partes por separado, sí. ¿Esta teoría se sostiene filosóficamente? Se sostiene. Es la que mejor se sostiene.

 

En cómo le molesta a la primera protagonista que aparece en el texto, la forma en que su marido golpea fuertemente la mesa, puedo sentir la fuerza de los detalles e identificarme en como los narra,  me gusta que después de callar decida actuar, después de lo que parecen años de silencios incomodos, decida abrir la boca, o los gestos.

“no soporto a la gente que da golpes en las mesas, Serge, quiero decir esa gente que deja caer el antebrazo y el filo de la mano digamos que con intención clarificadora, para precisar o dar peso a sus opiniones, no hay nada más estúpido, me gustan las personas reservadas, quiero decir cuya presencia física es ligera, delicada….”

Me gusta cómo la autora puede pasar de unas líneas a otras, con la sutileza de la monotonía que las cuentas y  los pijamas traen, a la trascendencia sentenciosa de las frases que la autora deja caer:

Siempre queremos otra vida, ¿verdad? Creemos que las cosas que son la vida no son la vida.

Me gusta que la gente cambia, como la más clarificadora alusión de que somos mientras dejamos de ser, me gusta que el marido pase de ser un especialista y enamorado de Spinoza a odiarlo con desfachatez, igual que en mi vida, cuando me atiborro a panes de leche y cereales, o donuts; luego no soporto ni su olor, igual que las grandes pasiones que nos exceden el corazón, nos desbordan a tal medida que acabamos desarrollando una profunda intolerancia a sus aromas.

….ya no puede soportar a Spinoza, toda su vida comentando a Spinoza y ahora no lo puede soportar, y cuando dice ahora no lo puede soportar, entiendo, de repente, como un rayo, por qué, es decir, de repente entiendo quién es Spinoza, al fin y al cabo un chico sin cambios de humor que organizaba combates de arañas y moscas para ver en qué consistía la vida….

Continua

..Abandonado por aquellos  a quien ha dedicado, por decirlo de algún modo, todo su tiempo, como hacen los hombres, Serge, que son absorbidos por sus cargos y no se dan cuenta que el tiempo pasa. Mi marido no tenía ni idea que el tiempo pasaba…

Esta invitación a la duda, me penetra, ¿cuantas veces a la semana alguien nos recuerda que el tiempo pasa?, que los días son largos y los años cortos, ¿cuantos anuncios pseudo-psicologicos inundan las paredes de nuestros cyber espacios? invitándonos a vivir unos días que pasan sin darnos cuenta, y sin embargo, aún seguimos llegando a esa edad peligrosa, sin saber que hicimos durante esos 30 años que nos planteábamos ¿qué mierda hacer con nuestros tiempos?

Durante años tuvimos a Spinoza, ¡Spinoza! ¡pam!¡pam!¡pam!, hoy exaltaciones diversas, drogas y mano blanda. La locura no lo disculpa todo. La vida conyugal nos ha matado, como mata a todo el mundo, y créame, no es la filosofía la que va a venir a echarnos una mano con la vida conyugal.(…) Soy una gran fan de los espartanos, ¿sabe Serge?, gente que no dio nunca la menor oportunidad a la familia, al aletargamiento de la vida sentimental….para mí los espartanos son la flor y nata del género humano.

Qué error fatal poner el amor en el centro del matrimonio, amor y matrimonio no tienen nada que ver, amor y familia no tienen nada que ver, los sentimientos entre un hombre y una mujer, dentro de ese dispositivo, sólo pueden esfumarse.

Ya lo dijo Tolstoi, “todas las familias felices se parecen entre si; las infelices son desgraciadas en su propia manera”; yo reescribo, todos los matrimonios felices son iguales, igual de falsos, igual de desgraciados, igual de rutinarios, y para mi igual de poco envidiables. No entiendo porque la gente me sigue preguntando ¿te casaras? ¿Acaso la gente tiene una necesidad imperante de que todos seamos igual de infelices?

Y la autora continua diciendo lo que primero le pasa por su cabeza, o aparentemente eso siente el lector, y es lo que me seduce del texto; Señor Cohen usted no es el hombre más feliz del mundo, usted miente, usted tiene cien años, le han echado de su casa, se pudre en una residencia de ancianos que llama hogar……

Y es que las cosas hay que llamarlas por su nombre, pero desde que ya nada tiene nombre, la gente le da miedo hablar, y viste su inmundicia de felicidad, su miseria de terciopelo y su soledad de recuerdos. La gente está mal, la gente está triste, la gente está sola, pero ahora se llama estar en fase de autoconocimiento, en tratamiento antidepresivo, en meditación voluntaria.

No se puede decir adiós a las palabras sin cierta tristeza, por otra parte doctora, debería explicarme la fisiología de la tristeza. Oscilo entre tristeza y aburrimiento, la tristeza me sirve para recuperar un poco las fuerzas que el aburrimiento abate inmediatamente…

El texto es rápido, y te va cautivando página a página, te puede gustar más o menos la temática de las diferentes historias, pero lo que está claro es que te invita a posicionarte, y a imaginarte en esa situación.

Piensas que se trata de un optimismo a prueba de bomba. No, no es optimismo, es pesimismo superado, lo que no tiene nada que ver. Me levanto con buen pie. Decidí de una vez por todas que me iba a levantar con buen pie. Y si no me levanto con buen pie, asumo la responsabilidad. Ya verás como cuando te recuperes, adoptas una dietética de la existencia.

¿Qué puede ser más contundente que una mujer golpeando a su marido filósofo, con el boletín de la sociedad francesa de filosofía? pues la autora lo hace con una sencillez casi cómica, más cuando en él, está el texto del marido titulado “Toda esperanza es desgarradora”.

Y es esa presencia en sentimientos tan lejanos y tan cercanos a la vez, la que me ha envuelto en el libro…

…nos arrastramos, es decir me arrastre detrás de ti a ese año nuevo, mientras pensaba en todas las veces que nos arrastramos en silencio, obligados por dios sabe que, en todas esas parejas que se arrastran día tras día, de fecha en fecha, de temporada en temporada…

Porque la gente insiste en vivir arrastrada, porque todos insistimos en arrastrarnos de vez en cuando, como si nos negáramos a aprender que la vida es mucho más que vivir arrodillados. ¿Es acaso un afán incesante, por convencernos de que nuestra vulnerabilidad es la única capa que nos puede proteger de la temida anomia?

¿Quién lo sabrá? después de todo, como dice la autora:

Nadie nace siendo racional y nadie muere siendo racional

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